Un Nómada en el Camino de Santiago

miércoles, 22 de septiembre de 2010

... ¿Y qué?

Caminar el Camino es otra cosa.

¿Qué tendrá que ver el número de kilómetros que hay entre un punto y otro, y si queda mucho o poco, y si he hecho planes o no (por cierto, planes ¿de qué?), y si me esperan o no, y si dije o dejé de decir y qué me dirán si no hago lo que dije?

Es que ahí están todos los males y todos los fracasos.

Que soy marathoniano, ¿y qué? Voy a caminar en pos de una ilusión, no voy a demostrarme nada que no sepa, y en todo caso, voy a descubrir que soy capaz de luchar por mis sueños, pero en la más absoluta intimidad, sólo me compete a mí.

Que no voy a cumplir con mis objetivos, y los he hecho públicos, ¿y qué? Lo que me importa es sentirme bien conmigo mismo, ¿a quién más que a mí le incumbe nada de ésto? ¿soy más o mejor por cumplir unos plazos hechos desde el desconocimiento y la ignorancia más supina sobre aquéllo a lo que me enfrentaba? Pues eso.

Que la persona que me acompaña va como una moto y yo no puedo seguirla, ¿y qué? Pues sigue tú que no es mi paso, ni mi momento, ni mi ocasión. ¿Por eso voy a perderte, por eso me vas a considerar mal o fracasado?

Que la persona que me acompaña no puede con su alma y se está destrozando, pues me detengo, la ayudo, y si hay que dejarlo todo, se deja, ¿y qué? Con eso demuestro mi cariño hacia esa persona, ayudándola y aparcando mis proyectos, miel sobre hojuelas...

¡Qué bendición es dudar, equivocarse, no saber lo que te espera ni dónde acabará el día! ¡Qué gran diferencia con lo absolutamente cuadriculado, planificado... a menudo incluso por los demás, por las supuestas guías y sus "etapas", por los que se atreven a cuadricular el caminar de los demás con sus "sabios" consejos de qué hacer, dónde ir, dónde comer y dónde dormir.

Hoy hace menos de una semana volví a sentir las benditas cosquillas de la duda e incluso del miedo al no estar seguro ni de lejos de si iba a llegar, de si iba a estar abierto, de si...

Fue entre Astorga y Sta. Catalina de Somoza, camino recorrido decenas de veces, conocida cada piedra, cada arbusto... y se me hizo de noche, y volví a sentir zozobra por lo que me esperaba, y llegué cansado, aterido, desconfiado, deseperanzado... y feliz, porque eso era caminar como yo lo he hecho siempre, siguiendo a mi corazón, no a la razón...

Esa incertidumbre, esa duda, ese cosquilleo no tienen precio... son lo más agradecido de cada camino.

Porque caminar es sentirse, vivirse, reconocerse. Porque el objetivo somos nosotros, porque cada Camino es un mundo y cada persona un universo irrepetible...

... y porque sólo lo que vale, cuesta.

Por todo eso, camino en paz, camino solo o en compañía, lejos o cerca, en pos de algo o siendo señuelo para algo, pero eso si, camino en total y absoluta libertad, sin condicionantes, sin prisa, sin objetivo definido, porque cada día es un objetivo nuevo y completo y porque cada paso me acerca más a mí mismo...

jueves, 16 de septiembre de 2010

Mi bastón... de madera

Tengo un bastón que me acompaña en mis andaduras desde hace unos veinte años.

No mide mucho, más bien poco, es decir, lo justo para mí, poco más de un metro veinte.

Por tanto, nunca me atrevería a llamarlo bordón, es un humilde bastón.

Está hecho de madera, de una rama de eucalipto recogido en Galicia.

Este bastón tiene ya mucho de mí.

Por él han resbalado litros de sudor, es decir, de mí mismo.

Conoce todas las fuentes entre St. Jean, allá en Francia, y el Fin de la Tierra.

Se ha bañado en todos los ríos, todos los regatos, todos los mares... es mi compañero de camino, con quien duermo muchas veces abrazado dentro del saco, mi confidente, mi cómplice...

Es muy simple, para que me durara más ya he gastado muchas puntas de acero.

En su empuñadura, un invierno lejano Jean Pierre, mi amigo francés que vive con los osos del Pirineo, grabó con un hierro al rojo la imagen de dos bastones cruzados con una calabaza colgando cada uno.

Más de una vez lo he perdido, lo he abandonado involuntariamente, y siempre, siempre ha vuelto a mí.

LE QUIERO...

Espero que me acompañe todavía unos cuantos años, nada sería igual sin él en los caminos.

Viceversa... o al otro lado del espejo

Siempre me ha atraído el otro lado del espejo, siempre me sentí al otro lado.

Desde allí las cosas son casi iguales, pero a la inversa.

Es decir, si me pongo frente a un espejo sujetando una manzana con mi mano derecha, la imagen que veré es la de una persona sujetando una manzana en su mano izquierda.

¿Qué es más real, delante o detrás?

Yo ceo que ambas son reales.

Pero yo prefiero estar siempre que puedo al otro lado.

Me ayuda a ver las mismas cosas con una visión más crítica, más amplia, más atractiva, me ayuda a verme a mi mismo como me ven los demás, y me hace creer que las cosas son como yo quiero que sean, y eso tan simple me hace feliz.

Me ayuda a corregir posturas, me ayuda a ser más tolerante, al fin y al cabo lo que veo soy yo mismo y soy lo mejor que tengo, lo único que realmente tengo.

Y me ayuda, sobre todo, a ser mejor, más comprensivo conmigo y con los demás.

Probad a pasar al otro lado del espejo: os espera una verdadera sorpresa.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Reflexionando sobre el Camino hoy... y mañana

Soledad absoluta, eso es lo que había ayer en un Albergue ya asentado, precioso, cuidado por gente excepcional, en pleno Camino, recien entrados en la provincia de Burgos...

Ayer era 1 de septiembre de un año Santo Compostelano...

En todo el mes de agosto, se han hospedado en ese albergue exactamente 124 peregrinos, afortunados ellos... pero lo importante es la cifra: 124.

Bueno, la prensa gallega no para de entusiasmarse por el inmenso, enorme, esplendoroso éxito del Xacobeo, por el aumento sin precedentes del número de compostelas dadas, por las cifras deslubrantes del PIB gallego que aumenta sin parar según ellos por la celebración del Año Santo y la presencia de los "peregrinos" en masa...

Algo pasa aquí, algo no va bien.

Me temo que el Camino se va a desmembrar en muy poco tiempo, que dentro de nada hablaremos del Camino de Santiago y nos estaremos refiriendo a un Camino que, en el más optimista de los casos, comenzará en O Cebreiro, y lo más probable es que lo haga en Sarria...

Y ese será el Camino de Santiago... para la inmensa mayoría...

No hay más, todo lo trabajado día a día, construído y levantado con cariño, abnegación, sacrificio por cientos de personas a lo largo de varios decenios se irá desmoronando poco a poco, sin remedio, pasará al olvido y a las hemerotecas.

Ahora se impone la consecución inmediata de resultados, éstos priman sobre el trabajo, el esfuerzo, el sacrificio... todo tiene que ser instantáneo, aquí y ya.

Y eso se consigue muy bien reduciendo el Camino de Santiago a unas meras excursiones de fin de semana, por cupones, rellenando la cartilla y al final... premio, globito para el nene y la nena, otro logro rápido y dulce, pecadillos a la mar e indulgencias a gogo, dos por una...

Es muy triste lo que está pasando, hay que reflexionar sobre ello.

Después del maldito año 2010 habrá que ponerse el mono, la mascarilla y los guantes de neopreno y lanzarse al inmenso campo de cenizas en el que van a convertir la senda sagrada que antes llamábamos Camino de Santiago... y comenzar de nuevo la obra inacabada, interminable de intentar dignificar este Camino.

Y probablemente lo hagamos de nuevo, pero ¡qué pena! ¿no?

sábado, 28 de agosto de 2010

La historia interminable...

La eterna dualidad: día y noche, luz y sombra, hola y... adiós.

Necesitaban, buscaban con toda su alma algo cálido a lo que agarrarse.

Cada una de ellas, formando parte de la otra, arrastraba su esperanza, su desengaño, su ilusión, su desesperación, por los caminos.

Fueron unas horas intensas, las dos eran una sola, yo fui todo un mundo para las dos y para cada una de ellas.

Las ayudé, poco. Me ayudaron, mucho. Las orienté, era fácil. Me orientaron, no se cómo pero lo consiguieron, y abrieron muchas puertas cerradas y candadas para ¿siempre?, y les allané el camino, y ellas me alumbraron lo que vendría después.

Les limpié las lágrimas y ellas me curaron el alma herida con su bálsamo luminoso.

Y se marcharon... como no podía ser de otra forma.

Iban más ligeras que llegaron, me dejaron más libre que me encontraron...

Nunca tan pocas palabras encontrarían un eco tan largo.

El grito de la tierra... el grito del Camino

El grito reivindicativo de una tierra cansada, agotada de darlo todo, y dispuesta a que no se la siga destruyendo más, desgarró el limpio aire de la mañana, bajo un sol de cuidado, pero con toda la fuerza que le dan la razón y la dignidad.

El ataque ha sido feroz, taimado, a traición, como siempre que se teme enfrentarse a la verdad... no se esperaba que los elegidos por nosotros, nuestros representantes, los que están a nuestro servicio en la Administración del Estado decidieran con una táctica "agosticida" dar la puntilla a las esperanzas de todos los que confiábamos en que, por razones de lógica humana, por la más elemental aplicación de las leyes que ellos aceptaron, que firmaron sin ningún rubor y que una y otra vez ignoran y conculcan, estaban obligados a proteger: el Camino de Santiago, vilipendiado, robado, esquilmado, pisoteado sin reparo... y ahora inundado, una vez más, en pleno año Santo, el que pasará tristemente a la historia como el más nefasto año Santo de la Era Contemporánea...

Lo han hecho una vez más, pero se han encontrado de frente con los que no tenemos otra cosa que el pensamiento y la palabra, desnudos de protección, pero equipados con todo un bagaje de sentido común y de sangre caliente en las venas, con un pueblo harto de ser el que paga todas las desdichadas ocurrencias de los políticos de turno y de los negociantes de siempre.

Y la respuesta ha sido inmediata, fervorosa, limpia y contundente. Se cortó la carretera general de Pamplona a Jaca a la altura del puente de Artieda. Fue una acción valiente, digna y limpia. Allí quedó patente que hay un pueblo VIVO, un pellizco del mapa que quiere seguir viviendo en su tierra, con sus medios, amante de su historia y garante de su futuro y del de sus hijos, respetuoso con el Camino de Santiago que les duele como al que más, y que no se van a mover ni un metro, ya no más.

Mención agradecida al comportamiento de los miembros de la Guardia Civil que no impidieron la acción y que la guardaron con todo respeto.

Y otras menciones menos agradables: la total y absoluta ausencia de las representaciones de las Asociaciones supuestamente "amigas" del Camino de Santiago. Ni una a nivel oficial, ni las locales (Jaca, Zaragoza, Navarra) ni de ninguna parte. Cada vez se hace más patente la nula y poco oportuna justificación para estas ausencias, NO hacen ninguna falta, SOBRAN, TODAS, ¡A LA MIERDA CON ELLAS!

El Camino se defiende solo, el Camino lo defienden los habitantes de estas tierras, no necesitan de tanto experto ni tanto sabio...

Y queda en la retina y en la mente la sonrisa, la ilusión, la esperanza de estas gentes nobles que llevan más de treinta años luchando y que saben que la batalla aún durará generaciones, pero que se saben poseedores de la RAZON, y por ello, INVENCIBLES.

El Camino está bien guardado...

martes, 27 de julio de 2010

Parece que fue ayer...

Siempre que pasaba por aquella pequeña aldea, me tendía junto al molino, recién pasado el puentecillo.

Allí había una buena sombra, la hora lo pedía, y nadie me quitaba mi horita de sueño, entre las matas de menta amarga.

Más adelante había un pequeño pilón, a la derecha de la marcha, con agua fresca de la acequia vecina y del arroyo cantarín.

Otro buen lugar para echar los huesos al suelo y dejarse ganar por la paz del ambiente.

En este lugar conocí a Serafín.

Se autodenominaba amigo de los peregrinos, y en realidad, a su manera, lo era.

Siempre encontraba la forma de pegar la hebra y, ya una vez desvelado en mi descanso, me lanzaba al palique con él.

Sus palabras, año tras año, eran las mismas: su relato de sus andanzas por Cataluña, de fábrica en fábrica, su vuelta al terruño, no soportaba las aglomeraciones de gente ni de coches, y su mejor entretenimiento: charlar con los que pasaban, con sus tres o cuatro palabras en mal francés e inglés que le llevaban a presumir de hablar "cinco o seis idiomas".

La conversación, calcada vez tras vez, derivaba en un momento culmen: cuando contaba, señalando con dolor y consternación al regatillo de agua, que allí, allí mismo, su padre marchó un día, cuando bajó a por agua para la comida.

Era el único momento triste, sus claros ojos se llenaban de agua y su habla, de por sí complicada de seguir, se trabucaba durante unos minutos interminables en un murmullo irreconocible.

Pero recuperaba el tono y seguía con la historia de su hermana, la de Barcelona, que venía todos los veranos a pasar unos días y a ayudarle en la siega.

Gente sencilla, entrañable, que bajaba al Camino a narrar una y otra vez su historia, a ofrecerte pan de hogaza, cerezas o unos higos.

No he vuelto a verlo desde hace unos pocos años. Pero yo me paro allí cada vez y le recuerdo con nostalgia...

Un bendito lugar, del que gracias a Dios se habla poco, de paso para la inmensa mayoría, de descanso y recuerdos para unos pocos, para mí...

Es Herrerías, un lugar perfecto para perderse...